La escuela de Cruyff

Leonel Messi
En esta vida hay cosas que están de moda un momento y luego forman parte del pasado, son apenas un chispazo en el tiempo y luego son recordados como pura anécdota. También sucede que hay ciertos elementos que a pesar de las críticas, las nuevas corrientes y la implacable prueba del tiempo, se resisten a morir y de vez en cuando vuelven a surgir con más fuerza. Al igual que el Rock sobrevive en entre el Hip-Hop, la música electrónica y el inculto Reggaeton, el juego bonito y altamente ofensivo, es una especie que se niega a extinguirse ante las tendencias resultadistas, la exposición mediática, la presión del público, de la prensa y peor aún, de los patrocinadores.
En el “Football Americano” de la NFL, hay un viejo refrán que reza “La ofensiva llena los estadios, pero es la defensiva la que gana los partidos”. En nuestro queridísimo “soccer”, esto también aplica, pues aunque de por sí es un deporte que arrastra multitudes, no cabe duda que los equipos que aparte de jugar, dan espectáculo, no solo llenan los estadios, sino que también ganan las simpatías de multitudes en todo el mundo. Por el momento, la estafeta la vuelve a tener el Barcelona. Una muestra de ello, me la ha dado un exjugador blaugrana que nunca ha sido santo de mi devoción como persona, aunque reconozco que fue un gran futbolista: Diego Armando Maradona.
Ya habíamos disfrutado al ver como la selección española ganó la Eurocopa con un toque rápido e inteligente, salido principalmente de las botas de nuestros bajitos Xavi Hernández y Andrés Iniesta, sin dejar de lado claro los valiosos aportes de otro que se nutrió del fútbol base del Barça: Cesc Fábregas. Ahora, el seleccionador argentino hace gala de tres hombres en punta con el “kun” Agüero, Carlos Tevez y claro, Lionel Messi. Si, una gran selección como la Argentina colocó un tridente ofensivo posicionado de la misma forma en que lo hace Guardiola en la escuadra culé. Aunque obviamente los sistemas con tres delanteros se han visto desde los años treinta, es esa forma de jugar, mostrando el lado bonito del deporte que hace unos años revivió Frank Rijkaard en la entidad blaugrana, la que el mismo Johan Cruyff trajo al Barcelona y lo inyectó tan profundamente en las venas de la afición, que nos volvimos adictos al estilo altamente ofensivo.
Contrario a aquellos equipos que de vez en cuando ganan algunos títulos sin brillar, pensando únicamente en el resultado y matando el partido en cuanto anotan el primer gol. Los italianos saben mucho de esto, y por ello no era extraño que hasta en las buenas épocas la Juventus solía jugar de local con un estadio a media capacidad. Habían resultados, si, pero no espectáculo. La gente que acude a los grandes coliseos deportivos espera divertirse y ver una buena cantidad de goles, no desean aburrise con toques estériles, tácticas reservistas y ver apenas un gol de penal. Es por ello que entrenadores tacaños como Capello o Mourinho, que solo abren la lata cuando se sienten seguros, no tienen cabida en el banquillo del Camp Nou. Un espacio reservado solo para aquellos de espíritu aventurero y que saben hacer disfrutar al aficionado, y sobretodo a sus propios jugadores. Por mí, que esta moda catalana de apropiarse del “jogo bonito” que en otros tiempos le perteneciera a la selección brasileña, siga inspirando a entrenadores por todo el mundo. Después de todo los fanáticos del fútbol somos los beneficiados.
