Leo Messi
Que es un crack, ya lo sabíamos. Que está pasando por sus mejores momentos desde que llegó al primer equipo, también lo sabíamos. Que a veces el Barça necesita de su genio para rescatar partidos atascados, lo sabemos muy bien. Lo que no sabíamos, era que el argentino está viviendo por estos días unos de esos picos de excelencia memorables y que no se ven muy seguido. Esas dulces rachas en las que todo sale demasiado bien y que nos mal acostumbra a tal punto, que luego exigimos ese rendimiento siempre.
Había estado marcando a pares, lo cual de por si ya es muy bueno. Ahora ha hecho tres que pudieron haber sido cuatro si se pone un poco egoísta, pero no lo es. Los mismos tres con los que rescató aquel clásico en casa, donde el resto del equipo no apareció y su triplete dejó un sabor amargo en Casillas y compañía. Frente al Zaragoza el equipo si apareció, pero los de atrás, porque Pedro no marcó (aunque si asistió en el primero) y Zlatan tuvo que aprovechar la generosidad del canterano para disimular su mal momento.
Once goles en cinco encuentros solo están al alcance de muy pocos, pero dejan en evidencia al resto de jugadores culés. Que Henry abrió la cancha hace poco, que Pedro dio el pase para el primero frente a los maños, que Bojan marcó a pesar de la falta de minutos que le dan, que Ibra dio el pase a Bojan y hoy marcó de penalty. Nada de eso vale si nos preguntamos que hubiese ocurrido si Lionel falla esas once ocasiones. Entonces si que estaríamos con el canguelo que predican en Madrid.
Afortunadamente este artista ha sabido retocar los defectos del Barcelona. Ojo, que este momento dulce del argentino no es eterno y se puede esfumar en cualquier momento. Su calidad se mantendrá, pero la cuota goleadora quien sabe, por ello sus compañeros deben empezar a responder para mantenernos en lucha cerrada con ese Madrid que a base de potencia e individualidades ha sabido mantenerse.

