Falta de palabra
El mismo infame sentimiento que vive un niño cuando su padre ha incumplido una importante promesa, es lo mismo que me hace comenzar esta nota más con hígado que con el corazón. Cuando parecía que las cosas iban a ser diferentes, cuando creímos que con la desaparición de las vacas sagradas se iban los viejos vicios, cuando los fichajes traían más fútbol que poder mediático, cuando me atreví a pensar en en catalán y creer que “aquest any sí”, resulta que las pesadillas sufridas de los dos años anteriores volvieron a la pantalla del televisor, esta vez disfrazado de amarillo canario.
Que es una plantilla nueva que no ha tenido tiempo de acoplarse. No, esa excusa no puede aparecer en el Barça esta vez, pues de los once iniciales (Valdés, Alves, Puyol, Márquez, Abidal, Xavi, Touré, Iniesta, Messi, Eto’o y Henry), solamente Alves es novedad respecto a la alineaciión típica del último año de la era Rijkaard, y un ‘crack’ con la calidad del brasileño, llega a marcar diferencias y no a adaptarse. Que no están Ronaldinho y Deco tampoco es pretexto válido, pues en la anterior liga también desaparecieron y el equipo jugó exactamente igual que hoy, contra el Numancia. Que hicieron falta refuerzos, sería un argumento menos válido, pues tan solo Schuster podría quejarse al día de hoy de esa manera. Tenemos medio motor de la selección campeona de Europa mas los talentosos Keita, Touré y Hleb. Pero ni ellos, ni Xavi o Iniesta lograron desnivelar la balanza.
Guardiola me fallo al dejar ver que Messi ya no estaría amarrado a al banda sino que tendría mas movilidad detrás de los delanteros. Tampoco cumplió consigo mismo al afirmar que Henry se perfilaría mas como nueve. El esquema táctico tampoco varió, no hubo un 4-3-3 que dejaría dos hombres en punta (Henry, Eto’o, Bojan o Messi) y un falso centro delantero (Messi, Hleb o Iniesta) a sus espaldas con libertad de movimientos. Nada. El Pep murió hoy con la misma toxina que envenenó a Frank Rijkaard y lo que es peor es que todo sucedió en un escenario que se repetirá toda la temporada, frente a un equipo inferior encerrado atrás y que aprovecha bien sus escasas oportunidades.
Los jugadores por su parte, tampoco cumplieron con las expectativas. Nos ilusionaron con las concentraciones, con los entrenamientos dobles, con poner más énfasis en el asunto, pero resulta que a la hora de la verdad, cuando se está en desventaja no se juega con la cabeza, creando juego de forma inteligente, sino todo lo contrario, buscando el empate a la desesperada y alocadamente. Los campeones de la Euro se quedaron cortos, el medallista de oro no pudo hacer la diferencia y el mejor delantero de África (y del mundo según algunos entendidos) no marcó. Espero que no culpen a los defensores por la derrota porque en una liga tan competitiva como la española, se puede encajar un gol ante un equipo pequeño, pero el no anotarle es un pecado enorme.