Leo Messi

Es la opinión de Attakinsky, publicada en 21/03/2010. Etiquetas:: Uncategorized | Tags: , , , , ,

Que es un crack, ya lo sabíamos. Que está pasando por sus mejores momentos desde que llegó al primer equipo, también lo sabíamos. Que a veces el Barça necesita de su genio para rescatar partidos atascados, lo sabemos muy bien. Lo que no sabíamos, era que el argentino está viviendo por estos días unos de esos picos de excelencia memorables y que no se ven muy seguido. Esas dulces rachas en las que todo sale demasiado bien y que nos mal acostumbra a tal punto, que luego exigimos ese rendimiento siempre.

Había estado marcando a pares, lo cual de por si ya es muy bueno. Ahora ha hecho tres que pudieron haber sido cuatro si se pone un poco egoísta, pero no lo es. Los mismos tres con los que rescató aquel  clásico en casa, donde el resto del equipo no apareció y su triplete dejó un sabor amargo en Casillas y compañía. Frente al Zaragoza el equipo si apareció, pero los de atrás, porque Pedro no marcó (aunque si asistió en el primero) y Zlatan tuvo que aprovechar la generosidad del canterano para disimular su mal momento.

Once goles en cinco encuentros solo están al alcance de muy pocos, pero dejan en evidencia al resto de jugadores culés. Que Henry abrió la cancha hace poco, que Pedro dio el pase para el primero frente a los maños, que Bojan marcó a pesar de la falta de minutos que le dan, que Ibra dio el pase a Bojan y hoy marcó de penalty. Nada de eso vale si nos preguntamos que hubiese ocurrido si Lionel falla esas once ocasiones. Entonces si que estaríamos con el canguelo que predican en Madrid.

Afortunadamente este artista ha sabido retocar los defectos del Barcelona. Ojo, que este momento dulce del argentino no es eterno y se puede esfumar en cualquier momento. Su calidad se mantendrá, pero la cuota goleadora quien sabe, por ello sus compañeros deben empezar a responder para mantenernos en lucha cerrada con ese Madrid que a base de potencia e individualidades ha sabido mantenerse.

Memorias futbolísticas I

Es la opinión de Attakinsky, publicada en 03/02/2010. Etiquetas:: Uncategorized | Tags: , , , ,

Inicio esta serie con un bonito recuerdo que me acaban de refrescar vía twitter.

A principios de 1998 se jugó en Estados Unidos la Copa de Oro que define al campeón del área de Concacaf. El representativo de mi querida Guatemala tuvo suerte de que en el sorteo para la fase de grupos, quedara junto a las selecciones de El Salvador (esta fue la última copa del “mágico” González), Jamaica y un invitado de lujo: el campeón del mundo, Brasil. La “verdeamarela” no le faltó el respeto al torneo y jugó con figuras como el portero Tafarrel, Denilson, Romario y “el animal” Edmundo entre otros.

Con su posición de equipo modesto, el combinado Guatemalteco inició el torneo con la esperanza de no recibir una goleada memorable y hacer un papel decente frente a los brasileños. Así pues, llegó la fecha por todos anhelada: el 5 de febrero y una mezcla de emoción y nerviosismo invadió todo el territorio nacional.

Contrario a los que todos esperábamos, el técnico Miguel Ángel Brindisi no se echó a defender sino mandó a los chapines a hacer un fútbol muy bonito y atrevido que tomó por sorpresa a los entonces tetracampeones. Poco a poco los nombres de mis compatriotas fueron eclipsando a los de las estrellas cariocas. Denilson incluso llegó a lanzar el balón fuera del campo por el acoso de Everaldo Valencia. Así se llegó al medio tiempo con un honorable 0-0 en el marcador. Tras la reanudación Brasil creó varias oportunidades hasta que alrededor de la hora de juego una escapada de Romario obligó a un defensor a cometer falta en el área sobre el ex-delantero blaugrana. El penalty lo transformó él mismo “chapulín” de forma impecable y dio la ventaja a su combinado.

A pesar de la derrota parcial, todos podíamos estar orgullosos de nuestros hombres que, frente al que por esos días era el equipo más fuerte del mundo, perdían solo por 1-0 y de penal. Sin embargo, aún había tiempo y Guatemala se fue hacía arriba con todo, llegando a arrinconar a los hombres de Mario “el lobo” Zagallo, que terminó pidiendo la hora. Minuto 89…  90… el arbitro señala 4 de tiempo añadido… 91… 92… 93… y llega la última ofensiva para Guatemala. Falta al borde del área que cobra el eterno Juan Manuel “memín” Funes y luego la historia por todos conocida:

Juan Carlos “el pin” Plata había logrado el sueño de todo futbolista: marcar el gol del empate, en el último suspiro del partido más importante de su carrera. Lo que pasó en los siguientes minutos no lo recuerdo con claridad, todos festejaban, muchos salieron a las calles, los tradicionales sonidos de la pólvora se hicieron sentir por todo el país y la euforia duró varios días. Ahora yo pregunto: ¿cómo recuerdan mis compatriotas ese gol?

Diseño provisional por Attakinsky | El nuevo diseño aún está en construcción